Estado, Nación y nacionalidades, geografía política en España

18 juny

Se acerca el fin del proceso que ha marcado la Catalunya de los últimos siete años. Desde la sentencia del Estatut en 2010 hasta el próximo mes de octubre, las relaciones entre Catalunya y el Gobierno del Estado español han sido turbulentas.

 

Unas relaciones que necesitaban una actualización desde 1978 y que muchos catalanes y catalanas esperaban que con el Estatut del 2010 quedaran actualizadas, pero el Tribunal Constitucional no lo aceptó. En Madrid nunca se ha tenido consciencia de este hecho, ahora ya es demasiado tarde.

 

En 1978, se reconocía que en la constitución española había dos tipos de territorios, las nacionalidades y las regiones. Este fue el invento político, y después jurídico, con el que se intentó reconocer las peculiaridades históricas y políticas de unos territorios, sin desmerecer al resto, simplemente reconocimiento político de una diversidad, el inventó duró poco, hasta el 1981.

 

La expresión del “café para todos” significaba lo homogeneidad del conjunto del territorio estatal, a día de hoy, no hay ninguna diferencia política ni jurídica entre las nacionalidades y las regiones.

 

Normalmente se suelen considerar nacionalidades históricas en el Estado español, las de Catalunya, Galicia y País Vasco. De estas tres, el País Vasco también es reconocida su realidad foral, conjuntamente con Navarra. Este hecho hay que tenerlo muy en cuenta para entender la complejidad del momento.

 

La foralidad de algunos territorios es el hecho político y jurídico que diferencia unas regiones de otras en el Estado español. Excepto el País Vasco y Navarra, el resto de comunidades autónomas, nacionalidades históricas o regiones tienen la misma consideración jurídica para el Estado, y Catalunya es una de ellas.

 

Sin desmerecer a ninguna otra región del Estado español, Catalunya es diferente, ni mejor ni peor, por su desarrollo histórico, por su realidad cultural y por su voluntad y su consideración como comunidad nacional, como nación tout court.

 

Seguramente el concepto nacionalidad reconocía esta especificidad, pero a la larga, la nula diferenciación entre regiones y nacionalidades, seria el origen del desapego catalán, y el Estatut del 2010, el último intento de introducir el ser catalán en el relato político del Estado español.

 

Catalunya y sus gobiernos posteriores a la sentencia del 2010, buscaron en la foralidad, la posibilidad de ver reconocida su particularidad histórica, viendo que desde 1978 fue el único hecho diferencial entre nacionalidades históricas y regiones que se respetó.

 

 

La foralidad del conocido como “Pacte Fiscal” también fue rechazada por las autoridades políticas españolas. A Catalunya ya no le quedaba ninguna posibilidad de reconocimiento de una realidad histórica, y quedaba diluida en la generalidad del concepto de región autónoma, y sin ningún margen de maniobra.

 

Catalunya ha visto cerradas todas las posibilidades del encaje en la España moderna.

 

Ahora suenan expresiones como “España, Nación de Naciones”, un intento más de crear un relato que agrade a los catalanes, pero se llega tarde y mal. Tarde porque en Catalunya no hay vuelta atrás, y mal porqué el concepto de Nación de Naciones no es verdad.

 

Desde un punto de vista ideal plantear el concepto de España, Nación de Naciones” nos muestra una realidad como si hubiese o hubiera habido en la historia moderna una voluntad de sumar diferentes naciones, pero la historia de España nos muestra que la verdad no es esa.

 

Hasta el 1714, podríamos aceptar que la Corona de España, que no el Estado español, era una Corona formada por diferentes estados nacionales, el escudo estatal así lo demuestra. Pero después de 1714, y en Catalunya se vivió en primera persona, ni hubo voluntad de unión, ni mucho menos todo este proceso fue pacífico. Desde 1714 la Corona de España se transforma en la Corona de un único Estado, el español, siguiendo los postulados del derecho de conquista después de un conflicto bélico.

 

No se trataría pues de concebir España como una Nación de Naciones, sino como un Estado de Naciones.

 

Seguramente la diferenciación entre el País Vasco y Catalunya, dos de las nacionalidades históricas que reconocía la Constitución española, es que el primero ha conseguido traducir sus relaciones con el Estado español desde la bilateralidad, y no desde la sumisión, como le sucede a Catalunya.

 

Transformar la sumisión en bilateralidad ese seria el primer paso para reconducir unas relaciones que como decíamos al principio llevan muchos año de turbulencias, y reconocer que España es un Estado de Naciones y no una Nación de Naciones, ahorraríamos tiempo y dinero para solucionar un problema que arrastramos, como mínimo, desde hace más de 300 años, al menos en Catalunya.

 

@jaumecasanas

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